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Escrito por Celeste
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viernes, 25 de junio de 2010 |
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la_guadaa 353.09 Kb
Despues de que los niños crezcan y se trasladen, una nueva criatura acude a tu casa.
Su nombre es Muerte.
Viene en silencio, sin los llantos de un infante, y no hará que estés
despierto por la noche ni exigirá diariamente tu atención. Pero, de
alguna manera, sabrás que ha venido para quedarse. Y sigue creciendo,
haciéndose más grande y más fuerte a cada día que pasa, mientras tú te
haces más pequeño y más débil. Tarde o temprano tendrá lugar la
inevitable confrontación..., y cuando eso suceda, tú serás quien tenga
que marcharse.
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Escrito por Celeste
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viernes, 25 de junio de 2010 |
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la_casa_del_hacha 322.62 Kb
Daisy y yo estábamos disfrutando de una de nuestras habituales trifulcas. Había empezado por lo de la póliza del seguro, pero luego derivó a los tópicos de siempre. Cada uno sabía perfectamente dónde le apretaba el zapato al otro.
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Escrito por Celeste
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viernes, 18 de junio de 2010 |
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la_sombra_que_huy_del_chapitel 352.89 Kb
William Hurley era irlandés de nacimiento y taxista de profesión. Sería, pues, redundante calificarle de charlatán.
En el mismísimo instante en que, cierto cálido atardecer veraniego,
tomó a un pasajero en el centro de Providence, se puso a charlar. El
pasajero era alto y delgado, de treinta y pocos años, y llevaba una
cartera. Se sentó en el asiento posterior y rogó al conductor que le
llevase a determinado número de Benefit Street. Hurley puso en marcha
vehículo y lengua a toda velocidad.
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Escrito por Celeste
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viernes, 18 de junio de 2010 |
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gigantes_en_la_tierra 475.19 Kb
La bella joven que salió del edificio de genética tenía un cuerpo extraordinario. Desde lejos, sólo parecía esbelta y hasta quizá se la juzgaría delgada; pero al lado de las dos feas estatuas seudogriegas que flanqueaban la entrada del edificio, podía verse que su estatura era fenomenal: medía por lo menos dos metros y medio.
Miró con indecisión hacia abajo de las escaleras; sus ojos, rasgados como los de un gato soñoliento, brillaban a la luz del sol matinal. Un pequeño grupo de estudiantes que se encontraba al pie del último peldaño suspendió su charla y se volvió hacia la joven. Sena sabía la hostilidad que significaba aquel silencio.
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Escrito por Celeste
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miércoles, 16 de junio de 2010 |
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el_homunculo 330.38 Kb
Háganse a la idea de que no puedo jurar que mi historia
sea cierta. Pudiera haber sido un sueño; o peor aún, un síntoma de
algún severo desorden mental. Pero yo creo que es cierta. Despues de
todo, ¿Cómo podemos estar seguros de todas las cosas que hay sobre la
tierra? Aún existen monstruosidades extrañas, y espantosas e increibles
perversiones. Cada año que pasa, cada nuevo descubrimiento geográfico o
científico, saca a la luz algún nuevo fragmento de la macabra evidencia
de que el mundo no es, exactamente, el lugar que imaginamos. En
ocasiones ocurren incidentes peculiares, que rozan la locura más
absoluta.
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