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(François-Marie Arouet; París, 1694- id., 1778) Escritor francés. Fue la figura intelectual dominante de su siglo. Ha dejado una obra literaria heterogénea y desigual, de la que resaltan sus relatos y libros de polémica ideológica. Como filósofo, Voltaire fue un genial divulgador, y su credo laico y anticlerical orientó a los teóricos de la Revolución Francesa.
Voltaire estudió en los jesuitas del colegio Louis-le-Grand de París (1704-1711). Su padrino, el abate de Châteauneuf, le introdujo en la sociedad libertina del Temple. Estuvo en La Haya (1713) como secretario de embajada, pero un idilio con la hija de un refugiado hugonote le obligó a regresar a París. Inició la tragedia Edipo (1718), y escribió unos versos irrespetuosos, dirigidos contra el regente, que le valieron la reclusión en la Bastilla (1717). Una vez liberado, fue desterrado a Châtenay, donde adoptó el seudónimo de Voltaire, anagrama de Árouet le Jeune» o del lugar de origen de su padre, Air-vault.
Un altercado con el caballero de Rohan, en el que fue apaleado por los lacayos de éste (1726), condujo a Voltaire de nuevo a la Bastilla; al cabo de cinco meses, fue liberado y exiliado a Gran Bretaña (1726-1729). En la corte de Londres y en los medios literarios y comerciales británicos fue acogido calurosamente; la influencia británica empezó a orientar su pensamiento. Publicó Henriade (1728) y obtuvo un gran éxito teatral con Bruto (1730); en la Historia de Carlos XII (1731), Voltaire llevó a cabo una dura crítica de la guerra, y la sátira El templo del gusto (1733) le atrajo la animadversión de los ambientes literarios parisienses.
Pero su obra más escandalosa fue Cartas filosóficas o Cartas inglesas (1734), en las que Voltaire convierte un brillante reportaje sobre Gran Bretaña en una acerba crítica del régimen francés. Se le dictó orden de arresto, pero logró escapar, refugiándose en Cirey, en la Lorena, donde gracias a la marquesa de Châtelet pudo llevar una vida acorde con sus gustos de trabajo y de trato social (1734-1749).
El éxito de su tragedia Zaïre (1734) movió a Voltaire a intentar rejuvenecer el género; escribió Adélaïde du Guesclin (1734), La muerte de César (1735), Alzire o los americanos (1736), Mahoma o el fanatismo (1741). Menos afortunadas son sus comedias El hijo pródigo (1736) y Nanine o el prejuicio vencido (1749). En esta época divulgó los Elementos de la filosofía de Newton (1738).
Ciertas composiciones, como el Poema de Fontenoy (1745), le acabaron de introducir en la corte, para la que realizó misiones diplomáticas ante Federico II. Luis XV le nombró historiógrafo real, e ingresó en la Academia Francesa (1746). Pero no logró atraerse a Mme. de Pompadour, quien protegía a Crébillon; su rivalidad con este dramaturgo le llevó a intentar desacreditarle, tratando los mismos temas que él: Semíramis (1748), Orestes (1750), etc.
Su pérdida de prestigio en la corte y la muerte de Mme. du Châtelet (1749) movieron a Voltaire a aceptar la invitación de Federico II. Durante su estancia en Potsdam (1750-1753) escribió El siglo de Luis XIV (1751) y continuó, con Micromégas (1752), la serie de sus cuentos iniciada con Zadig (1748).
Después de una violenta ruptura con Federico II, Voltaire se instaló cerca de Ginebra, en la propiedad de «Les Délices» (1755). En Ginebra chocó con la rígida mentalidad calvinista: sus aficiones teatrales y el capítulo dedicado a Servet en su Ensayo sobre las costumbres (1756) escandalizaron a los ginebrinos, mientras se enajenaba la amistad de Rousseau. Su irrespetuoso poema sobre Juana de Arco, La doncella (1755), y su colaboración en la Enciclopedia chocaron con el partido «devoto» de los católicos. Frutos de su crisis de pesimismo fueron el Poema sobre el desastre de Lisboa (1756) y la novela corta Candide (1759), una de sus obras maestras. Se instaló en la propiedad de Ferney, donde Voltaire vivió durante dieciocho años, convertido en el patriarca europeo de las letras y del nuevo espíritu crítico; allí recibió a la elite de los principales países de Europa, representó sus tragedias (Tancrède, 1760), mantuvo una copiosa correspondencia y multiplicó los escritos polémicos y subversivos, con el objetivo de «aplastar al infame», es decir, el fanatismo clerical.
Sus obras mayores de este período son el Tratado de la tolerancia (1763) y el Diccionario filosófico (1764). Denunció con vehemencia los fallos y las injusticias de las sentencias judiciales (casos de Calas, Sirven, La Barre, etc.). Liberó de la gabela a sus vasallos, que, gracias a Voltaire, pudieron dedicarse a la agricultura y la relojería. Poco antes de morir (1778), se le hizo un recibimiento triunfal en París. En 1791, sus restos fueron trasladados al Panteón.
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Artista, pensador e investigador italiano que, por su insaciable curiosidad y su genio polifacético, representa el modelo más acabado del hombre del Renacimiento (Vinci, Toscana, 1452 - Amboise, Turena, 1519). Leonardo da Vinci era hijo ilegítimo de un abogado florentino, quien no le permitió conocer a su madre, una modesta campesina.
Leonardo se formó como artista en Florencia, en el taller de Andrea Verrochio; pero gran parte de su carrera se desarrolló en otras ciudades italianas como Milán (en donde permaneció entre 1489 y 1499 bajo el mecenazgo del duque Ludovico Sforza, el Moro) o Roma (en donde trabajó para Julio de Médicis). Aunque practicó las tres artes plásticas, no se ha conservado ninguna escultura suya y parece que ninguno de los edificios que diseñó llegó a construirse, por lo que de su obra como escultor y arquitecto sólo quedan indicios en sus notas y bocetos personales.
Es, por tanto, la obra pictórica de Leonardo da Vinci la que le ha hecho destacar como un personaje cumbre en la historia del arte, debido a una veintena de cuadros conservados, entre los cuales destacan La Gioconda o Mona Lisa, La Anunciación, La Virgen de las Rocas, La Santa Cena, La Virgen y Santa Ana, La Adoración de los Magos, el Retrato de Ginebra Benzi. Son composiciones muy estudiadas, basadas en la perfección del dibujo y con un cierto halo de misterio, en las que la gradación del color contribuye a completar el efecto de la perspectiva; en ellas introdujo la técnica del sfumato, que consistía en prescindir de los contornos nítidos de la pintura del «Quattrocento» y difuminar los perfiles envolviendo las figuras en una especie de neblina característica. El propio Leonardo teorizó su concepción del arte pictórico como «imitación de la naturaleza» en un Tratado de pintura que sólo sería publicado en el siglo XVII.
Interesado por todas las ramas del saber y por todos los aspectos de la vida, los apuntes que dejó Leonardo (escritos de derecha a izquierda y salpicados de dibujos) contienen también incursiones en otros terrenos artísticos, como la música (en la que destacó tocando la lira) o la literatura. Según su criterio no debía existir separación entre el arte y la ciencia, como no la hubo en sus investigaciones, dirigidas de forma preferente hacia temas como la anatomía humana (avanzando en el conocimiento de los músculos, el ojo o la circulación de la sangre), la zoología (con especial atención a los mecanismos de vuelo de aves e insectos), la geología (con certeras observaciones sobre el origen de los fósiles), la astronomía (terreno en el que se anticipó a Galileo al defender que la Tierra era sólo un planeta del Sistema Solar), la física o la ingeniería.
En este último terreno fue donde quedó más patente su talento de precursor a juicio de las generaciones posteriores, ya que Leonardo concibió multitud de máquinas que no dio a conocer entre sus contemporáneos y que la técnica ha acabado por convertir en realidad siglos más tarde: aparatos de navegación (como un submarino, una campana de buceo y un salvavidas), máquinas voladoras (como el paracaídas, una especie de helicóptero y unas alas inspiradas en las de las aves para hacer volar a un hombre), máquinas de guerra (como un puente portátil y un anticipo del carro de combate del siglo xx), obras de ingeniería civil (como canalizaciones de agua o casas prefabricadas), máquinas herramientas (como una hiladora, una laminadora, una draga o una cortadora de tornillos), fortificaciones, etcétera.
Sin embargo, el genio de Leonardo le encaminó a tal cantidad de objetivos diferentes que apenas ejerció influencia sobre la marcha de los distintos campos que tocó (aunque sí obtuvo un gran prestigio personal, que ha perdurado hasta nuestros días): muchos de los proyectos que emprendió quedaron inacabados cuando otros nuevos atrajeron su interés; y, en cuanto a los inventos, se limitó a concebir ideas útiles, pero no se esforzó por plasmarlas en modelos viables que pudieran funcionar, por lo que la mayoría de sus investigaciones fueron especulaciones teóricas sin consecuencias prácticas. En ellas se concentró a partir de 1516 cuando, con las manos afectadas por una parálisis, pasó a vivir en Francia bajo la protección de Francisco I.
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Tomás nació en Roccasecca, cerca de Aquino, Nápoles.
Hijo del Conde Landolfo de Aquino y Teodora, Condesa de Teano. Era
el menor de 12 hermanos y su familia estaba emparentada con los
emperadores Enrique VI y Federico II y los reyes de Aragón,
Castilla y Francia.
A los 5 años fue enviado a recibir su
primera formación con los monjes Benedictinos de Monte Casino.
Desde muy pequeño se observó su buena disposición
para la meditación y oración y su maestro se sorprendió
al oírle preguntar “¿qué es Dios?”.
Alrededor del año 1236, le enviaron a la
Universidad de Nápoles, donde sus maestros fueron Pietro
Martín y Petrus Hibernos, pero pronto supero a Martín
en Gramática y fue transferido a Pedro de Irlanda quien le
formo en Lógica y Ciencias Naturales. Tomás repetía
las lecciones con mayor profundidad y lucidez que sus maestros.
Entre 1240 y 1243 recibió el hábito
de la Orden de Santo Domingo, atraído y dirigido por Juan de
San Julián, un conocido predicador del convento de Nápoles.
Al recibir la noticia, su madre se apresuró
a ir a Nápoles para ver a su hijo. Los Dominicos
temiendo que se lo llevaran, le enviaron a Roma, aunque su
destino final sería París o Colonia. Teodora recurrió
a los hermanos de Tomás, soldados del emperador Federico,
quienes capturaron al novicio cerca del pueblo de Aquependente y le
recluyeron en la fortaleza de San Juan de Roccasecca. Allí
estuvo detenido casi dos años, mientras sus padres, hermanos y
hermanas hacían los posible por destruir su vocación.
Tras los impulsos de ira y tristeza, su madre
empezó a ceder; se les permitió a los Dominicos
proporcionarle nuevos hábitos y con la ayuda de su hermana
obtuvo algunos libros – Las Sagradas Escrituras, la Metafísica
de Aristóteles y las sentencias de Pedro Lombardo. Tras año
y medio o dos en prisión, fue liberado, bajándolo en un
cesto a los brazos de los Dominicos que se admiraron al darse cuenta
de que durante su cautiverio había progresado tanto como si
hubiera estado en el Studium Generale.
Tomás enseguida hizo sus votos y sus
superiores lo enviaron a Roma. En 1245 se trasladó a París
junto con Alberto Magno y en 1248 ambos volvieron a Colonia. Durante
sus estancia en Colonia, fue ordenado sacerdote por Conrado de
Hochstaden, Arzobispo de esta ciudad.
En 1251 o 1252, el Maestro General de la Orden,
aconsejado por Alberto Magno y Hugo de San Caro, nombró a
Tomás Bachiller (subregente) del Studium Dominico en París.
Este nombramiento puede considerarse como el principio de su vida
pública, ya que su enseñanza rápidamente llamó
la atención tanto de profesores como de alumnos. Sus deberes
consistían principalmente en explicar las "Sentencias"
de Pedro Lombardo, y sus comentarios sobre ese texto teológico
le proporcionaron el material y, en gran parte, un esquema general
para su obra magna, la "Summa Theologica".
Santo Tomás recibió su doctorado
en Teología en 1257 y su tema fue "La Majestad de
Cristo". Desde entonces, la vida de Tomás puede resumirse
en pocas palabras, orar, predicar, enseñar, escribir, viajar.
Tan dedicado estaba a su sagrada misión
que con lágrimas pedía que no le obligaran a aceptar la
titularidad del Arzobispado de Nápoles, que le fue conferido
por Clemente IV en 1265. Si hubiese aceptado este nombramiento, muy
probablemente nunca hubiera escrito la "Suma Teológica".
Cediendo a las peticiones de sus hermanos, en
varias ocasiones participó en las deliberaciones de los
Capítulos Generales de la Orden. Uno de dichos capítulos
tuvo lugar en Valenciennes (1259), donde colaboró con Alberto
Magno y Pedro de Tarentasia (que sería el Papa Inocencio V) a
formular un sistema de estudios que substancialmente permanece hasta
hoy en los studia generalia de la Orden Dominicana.
No sorprende leer en las biografías de
Santo Tomás que frecuentemente se abstraía y quedaba en
éxtasis. Hacia el final de su vida éstos momentos de
éxtasis se sucedían con mayor frecuencia. Una vez en
Nápoles, en 1273, tras completar su tratado sobre la
Eucaristía, tres hermanos le vieron levitar en éxtasis,
y oyeron una voz que venía del crucifijo del altar que decía:
"Has escrito bien de mí, Tomás, que recompensa
deseas?". Tomás respondió, "Nada más
que a ti, Señor".
La "Summa Theologica" fue la obra más
famosa de Santo Tomás. Fundamentándose en la Sagrada
Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de
los santos, explica todas las enseñanzas católicas. El
autor mismo la consideraba sencillamente un manual de la doctrina
Cristiana para estudiantes. En realidad es una completa exposición,
ordenada con criterio científico de la Teología y a la
vez un sumario de la Filosofía Cristiana. El Concilio de
Trento contaba con tres libros de consulta principal: la Sagrada
Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de
Santo Tomás.
El Papa le encargó que escribiera los
himnos para la Fiesta Corpus Christi. Así compuso el Pange
Lingua y el Tantum Ergo y varios otros cantos Eucarísticos
clásicos. Su devoción por la Virgen María fue
muy grande y en el margen de sus cuadernos escribía: "Dios
te salve María".
Y el 6 de diciembre de 1273, dejó su
pluma y no escribió más. Ese día, durante la
Misa, experimentó un éxtasis de mucha mayor duración
que la acostumbrada; sobre lo que le fue revelado sólo podemos
conjeturar por su respuesta al Padre Reinaldo, que le animaba a
continuar sus escritos: "No puedo hacer más. Se me han
revelado tales secretos que todo lo que he escrito hasta ahora parece
que no vale para nada".
Tomás comenzó su preparación
inmediata para la muerte. Gregorio X, habiendo convocado un concilio
general a celebrar en Lyon el primero de mayo de 1274, invitó
a Santo Tomás y San Buenaventura a participar en las
deliberaciones, ordenó al primero traer al concilio su tratado
"Contra errores Graecorum" (Contra los Errores de los
Griegos). Intentó obedecer y salió a pie en enero de
1274, pero le fallaron las fuerzas; cayó desplomado cerca de
Terracina, desde donde le llevaron al Castillo de Maienza, hogar de
su sobrina la Condesa Francesca Ceccano. Los monjes cistercienses de
Fossa Nuova, insistieron para que se alojara con ellos, y así
fue trasladado a su monasterio.
Murió el 7 de marzo de 1274. Numerosos
milagros atestiguaron su santidad. Los monjes de Fossa Nuova querían
a toda costa quedarse con sus sagrados restos, pero Urbano V ordenó
que el cuerpo fuera entregado a sus hermanos Dominicos, siendo
trasladado solemnemente a la Iglesia Dominica de Toulouse, el 28 de
enero de 1369.
La magnífica capilla erigida en 1628 fue
destruida durante la revolución francesa y su cuerpo
trasladado a la Iglesia de San Sernin, donde reposa hasta el día
de hoy en un sarcófago, de oro y plata, que fue solemnemente
bendecido por el Cardenal Desprez el 24 de julio de 1878. El hueso
mayor de su brazo izquierdo se conserva en la catedral de Nápoles.
El brazo derecho, donado a la Universidad de París y
originalmente conservado en la Capilla de Santo Tomás de la
Iglesia Dominicana, se guarda actualmente en la Iglesia Dominicana de
Santa María sopra Minerva en Roma a donde llegó tras la
revolución francesa.
Fue canonizado por Juan XXII, el 18 de julio de
1323. San Pío V proclamó a Santo Tomás Doctor de
la Iglesia en 1567. En la Encíclica "Aeterni Patris"
del 4 de agosto de 1879 sobre la restauración de la filosofía
cristiana, León XIII le declaró "príncipe y
maestro de todos los doctores escolásticos". El mismo
ilustre pontífice, mediante una Breve del 4 de agosto de 1880,
le designó patrono de todas las universidades, academias y
escuelas católicas de todo el mundo.
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martes, 18 de septiembre de 2007 |
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En este archivo encontraras 16 obras del Marques de Sade
Infancia y adolescencia
Sade nació en el Hôtel Condé en París, en el seno de una antigua
familia aristocrática. Era hijo del conde Jean-Bastiste François Joseph
de Sade y de su esposa, Marie-Eléonore de Maillé de Carman, dama de
compañía de la princesa de Condé. Se educó en Provenza, en la abadía de Saint Léger d'Ebruil bajo la tutela de su tío, el abad de Sade, erudito y libertino, biógrafo de Petrarca y corresponsal de Voltaire,
que más tarde sería arrestado en un burdel. En 1750 regresó a París,
donde estudió en el Instituto Louis-le-Grand, regentado por los jesuitas y dedicado especialmente a los hijos de aristócratas. Siguió la carrera militar y participó en la Guerra de los Siete Años, durante la cual alcanzó el grado de capitán. Fue desmovilizado en marzo de 1763 y se instaló en el castillo familiar, en Lacoste (Vaucluse). Quiso casarse con la señorita de Laurais, castellana de Vacqueyras, pero su familia se opuso y arregló su matrimonio, el 17 de mayo
de 1763, con Renée-Pélagie de Montreuil, hija de un rico magistrado con
poderosas relaciones en la corte. El matrimonio tendría dos hijos,
Louis-Marie y Donatien-Claude-Armand, y una hija, Madeleine-Laure.
Escándalos y encarcelamiento
En los años siguientes, Sade protagonizó una vida de libertinaje, con repetidos abusos a prostitutas jóvenes y empleados de ambos sexos en su castillo en Lacoste, Vaucluse,
en ocasiones incluso con la ayuda de su esposa. Su comportamiento
caprichoso incluyó un amorío con la hermana de su esposa, quien había
ido a vivir al castillo.
Sólo cuatro meses después de su matrimonio, el 29 de octubre de
1763, fue encarcelado, por primera vez, en el castillo de Vincennes por
excesos en un prostíbulo. Quedó en libertad quince días después, pero
se le obligó a instalarse fuera de París, en el castillo de Échaffars,
en Normandía, propiedad de la familia de su esposa. Regresó a París en
1764. Durante los años siguientes tuvo varias amantes.
En 1767 murió su padre, legándole varios feudos, así como el título
de conde de Sade. Él, sin embargo, prefirió seguir utilizando su título
de marqués, que ya había sido utilizado por su familia, aunque nunca se
constituyó legalmente el marquesado de Sade. Su primer hijo,
Louis-Marie, nació el 27 de agosto de ese año. Por entonces su
reputación de libertino estaba ya sólidamente establecida, y era objeto
de vigilancia policial desde 1764.
En 1768 fue acusado por la mendiga Rose Keller de atraerla con
engaños a su casa de Arcueil, donde la flageló. Sade fue encerrado en
el castillo de Saumur, desde donde fue después trasladado a Pierre-Encise, cerca de Lyon y, posteriormente, a la Conciergerie de París. Estuvo en prisión unos tres meses.
Después de un episodio en Marsella donde varias prostitutas fueron intoxicadas con la supuestamente afrodisíaca mosca española (nadie murió), fue sentenciado a muerte por sodomía y envenenamiento en 1772 pero huyó a Italia. Fue ejecutado en efigie en Aix-en-Provence el 12 de septiembre. Volvió a ser detenido poco después, el 8 de diciembre, en Chambéry (Saboya) —entonces parte del reino de Cerdeña—
por orden del rey de Cerdeña y fue encerrado en el castillo de Miolans.
Logró evadirse de allí y regresó a Francia, donde se instaló de nuevo
en su castillo de Lacoste en 1773. Su suegra, que se había convertido
en su más encarnizada enemiga, obtuvo una lettre de cachet, que implicaba prisión incondicional por orden directa del rey, para lograr su arresto.
Regresó a París en 1777 y el 13 de febrero de ese año fue finalmente arrestado y encarcelado en el calabozo de Vincennes. Exitosamente apeló en contra de su sentencia de muerte en 1778, pero debió permanecer encarcelado a causa de la lettre de cachet.
Se fugó y regresó a Lacoste, pero volvió a ser capturado poco después e
ingresado de nuevo en Vincennes. En prisión, comenzó a escribir. En
Vincennes conoció a Honoré Gabriel Riqueti quien también escribía relatos eróticos, pero a ninguno de los dos le agradaba el otro.
En 1784 se clausuró la prisión de Vincennes y Sade fue trasladado a la Bastilla, en París. El 2 de julio de 1789,
gritó desde su celda a la gente que estaba afuera que iban a degollar a
los prisioneros, provocando disturbios e incitando a la Revolución. Dos
días después, fue llevado al manicomio de Charenton, donde ingresó. La toma de la Bastilla, hecho que desencadenó la Revolución francesa, ocurrió el 14 de julio, cuando Sade no se encontraba ya allí. Estaba trabajando en su obra magna, Los 120 días de Sodoma
y entró en un estado de desesperación cuando perdió sus manuscritos
durante el traslado. No obstante, pudo volver a escribir la obra.
Fue liberado de Charenton en 1790, después que la nueva Asamblea Constituyente aboliera la lettre de cachet. Su esposa consiguió el divorcio tiempo después. Sade quedó en una difícil situación económica.
La Revolución
Durante su periodo de libertad (comienzos de 1790), publicó
anónimamente varios de sus libros. Entre 1790 y 1791 estrenó algunas
obras de teatro en diversos escenarios parisinos. Conoció a
Marie-Constance Quesnet,ex-actriz y madre de un hijo de seis años, que
había sido abandonada por su esposo; Constance y Sade estarían juntos
por el resto de su vida. Desde su estancia en prisión, Sade padecía una
extrema obesidad, acompañada de graves problemas respiratorios.
Se adaptó rápidamente a la nueva situación política que siguió a la
Revolución Francesa. Haciéndose llamar "ciudadano Sade", llegó a
desempeñar varios cargos públicos a pesar de su origen aristocrático.
Escribió varios panfletos políticos. Miembro de un tribunal, cuando la
familia de su antigua esposa se presentó frente a él, les dio un trato
favorable, aun cuando habían sido los responsables de todos los años
que había estado en prisión. Incluso fue electo para la Convención
Nacional, donde representó a la extrema izquierda.
Aunque aterrorizado por el Reinado del Terror en 1793, escribió un elogio de admiración a Jean-Paul Marat
para asegurar su posición. Luego renunció a sus cargos, fue acusado de
"moderantismo" y encarcelado durante cerca de un año. Escapó por poco
de la guillotinaRobespierre
hubiese concluido definitivamente el Reinado del Terror. Esta
experiencia probablemente confirmó su odio de toda la vida a la tiranía
estatal y especialmente a la pena de muerte. (probablemente por un error administrativo) y fue liberado en octubre de 1794, luego de que con la ejecución de
El hecho de que, por error, hubiese aparecido en las listas de los
emigrados fue aprovechado por su esposa y su hijo
Donatien-Claude-Armand para apoderarse de todos sus bienes. En 1796
tuvo que vender su castillo en Lacoste, que había sido saqueado en 1792
(las ruinas fueron adquiridas en 1990 por el diseñador Pierre Cardin que ahora hace regulares festivales de teatro en el lugar, además de eventos sociales).
Años finales
En 1800, Sade publicó Zoloé, presentado como obra anónima, en la
cual hacía referencia, por medio de angramas como d'Orsec (Corse= el
Corso), a Napoleón Bonaparte y su entorno. Esto le valió, en 1801, una orden de detención dictada por el entonces Primer Cónsul. El autor de Justine y Juliette
fue arrestado en la oficina de su editor y encarcelado sin un juicio,
primero en la prisión de Sainte-Pélagie y luego, acusado de intentar
corromper a sus jóvenes compañeros de celda, en el fuerte de Bicêtre. A
instancias de su familia fue declarado demente en 1803 y trasladado una
vez más al manicomio de Charenton; su ex-esposa e hijos se ocuparon de
pagar sus gastos de manutención.
Se permitió que Constance viviera con él en Charenton. El liberal
director de la institución, el abad de Coulmier, lo animó a que
representara varias de sus obras con algunos de los reclusos como
actores, para ser presentadas al público parisino.
Sade comenzó un amorío con Madeleine Leclerc, una empleada de trece
años de Charenton. La relación duró cuatro años, hasta la muerte de
Sade el 2 de diciembre de 1814.
Dejó su última voluntad, indicando que deseaba ser enterrado en su
tierra de Malmaison, sin ceremonias, y en un montecillo de árboles,
pidiendo que se plantasen bellotas sobre ella a fin de que "... las
huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, como me
jacto de que mi memoria ha de borrarse de la mente de los hombres". No
obstante, fue enterrado en Charenton; su cráneo fue exhumado
posteriormente para estudios frenológicos. Su hijo quemó todos sus
manuscritos inéditos, incluida una obra en varios volúmenes, Les Journées de Florbelle.
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viernes, 14 de septiembre de 2007 |
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En esta carpeta puedes concontar el libro "La consolacion a Livia en la muerte de su hijo Druso" de Neron.
Nerón Claudio César Augusto Germanico o Nero Claudius Caesar Augustus
Germanicus (Anzio , 15 de diciembre de 37 - 6 de junio de 68).
Emperador de Roma desde el 13 de octubre de 54.
Sucesor de Claudio, su desgobierno provocó una rebelión en provincias
que terminó triunfando, imponiendo a Galba como nuevo emperador tras el
suicidio de Nerón, poniendo término a la dinastía Julia-Claudia. Tuvo
como preceptor al filósofo Séneca.
Nerón, un poeta disparatado
Nerón, un emperador de la antigua Roma que gobernó entre el año 54 y el
68. Como todos los comportamientos exagerados, Nerón resulta
fascinante. Al igual que ocurre con el resto de los emperadores
romanos, en su biografía encontramos asesinatos, conjuras,
arbitrariedades, megalomanías, grandes apetitos y todo tipo de
desmesuras.
Nerón llegó al trono gracias a las hábiles maniobras de su madre,
Agripinila, hija de Agripina la mayor y nieta de Agripa, quien se casó
con su tío Claudio, antecesor de Nerón, con quien mantuvo una intensa
relación sentimental y sexual hasta que ordenó asesinarla por miedo a
que ella se anticipase con el veneno. La pobre Agripina era, de hecho,
una mujer de armas tomar. Había resistido todo tipo de conjuras y los
odios de más de un emperador: Tiberio, Calígula y Claudio, con el que
se había casado para que su hijo heredase el imperio y al que había
dado muerte mediante un poderoso veneno en cuanto pudo.
El joven emperador Nerón vivió de forma totalmente exagerada. Por
doquier mandaba erigir estatuas monumentales a su memoria y, creyéndose
un gran poeta y cantante, organizó certámenes donde todo el mundo debía
aplaudirle entusiasta so pena de ser desterrado. La política interior
fue delegada en ayudantes varios que se encargaron de suprimir a sangre
y fuego las conspiraciones reales o imaginarias de su reinado. El
pueblo de Roma, en general, podía sentirse satisfecho pues el emperador
les proporcionaba con creces los ingredientes de sus mayores apetitos:
panem et circenses, esto es, la distribución gratuita de cereales, las
batallas de gladiadores, las ejecuciones públicas y las carreras de
cuádrigas.
En cuanto su política exterior, los historiadores tienden a
calificarla, cuanto menos, de indolente por las pocas guerras
emprendidas (tan solo un par de incursiones por Armenia).
De todos los personajes de su entorno inmediato, el que más llama la
atención es quizá el filósofo Séneca, quien fue su preceptor durante
toda su adolescencia y parte de su juventud. Resulta curioso que un
hombre que se advierte tan sensato por sus escritos fuera el maestro de
semejante bestia. ¿Cómo es que Seneca se dejó llevar por la ambición y
decidió quedarse en Roma, hervidero de ambiciones y decadencias, en vez
de venderlo todo y escapar al rincón más remoto del imperio? El final
de su vida fue escalofriante. Al parecer estaba medio implicado en una
fallida conjura contra la vida de Nerón. Cuando los tiranicidas fueron
descubiertos, le ordenaron quitarse la vida. Después de cenar, Séneca,
muy sereno, procedió a rasgarse las venas e ingerir un veneno. Su mujer
intentó emularle pero consiguieron salvarla a tiempo.
Por cierto, parece evidente que es falsa la presunta culpabilidad de
Nerón en cuanto al incendio que destruyó la ciudad. Esta acusación
probablemente fuera fruto de la imaginación de los posteriores
historiadores latinos, que le tenían particular resentimiento y
aversión. El caso es que Roma debía de ser una ciudad impresionante.
Miles de personas hacinadas en edificios que se derrumbaban e
incendiaban cada dos por tres. Todo tipo de sectas orientales
vaticinando el fin del mundo en soportales compartidos con prostitutas
y vendedores de cuanta mercancía hubiera en el Imperio. La guardia
pretoriana asesinando o eligiendo a los emperadores a su antojo. Los
senadores más preocupados por sus propiedades que por la justicia. Un
sinfín de esclavos torturados y obligados a trabajar hasta la
extenuación... Y todo empapado en la sangre de miles de víctimas
durante la celebración de los juegos.
Acontecimientos durante el reinado de Nerón
- Ordenó la persecución de los cristianos
-
Durante su mandato ocurrió el gran incendio de Roma en el año 66, del
que se le ha considerado promotor, aunque algunos historiadores
consideren que es un bulo de sus enemigos.
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